APRECIO DE MUERTE / Capellan Samir De La Torre
APRECIO DE MUERTE
Llegó el día del
juicio. Por un lado, estaba sentado aquel caballero acusado del más grande
delito, puesto por sacrificio para la salvación de muchos. Por otro lado,
estaba aquel imponente juez de perfectos juicios, sublime, vestido de justicia
y rectitud. El amor y la justicia se encontraban en aquella sala. Ambos debían
ser satisfechos. Pues Dios es amor, pero
también es justo; por eso se entregó a sí mismo, para satisfacer por amor la
justicia de su rectitud. No había otro como Él.
Redirigió el castigo de la humanidad entera sobre sí mismo. Acusado de
muerte fue, llevado por justicia a la cruz. Satisfechos fueron los juicios,
manifestado fue su amor. De sangre y de
espinas fueron sus vestidos, acribillado y humillado fue.
Ahora vivo por su
amor, porque ya no hay castigo sobre mí. Fui redimido y sobre mí no hay
acusación. Él lo hizo por mí, bebió de la copa de su propio juicio por amor. Por
los siglos de los siglos la deuda está pagada. Abrió las puertas de la eternidad
y derramó su amor sobre mí. Por eso hoy
vivo en agradecimiento, sabiendo que fue capaz de morir por mí. Ahora yo le
entrego mi vida, le entrego mi ser. Por Él viviré para siempre. Llevaré su
Palabra a los confines de la tierra, le proclamaré y le exaltaré. Porque Él es
mi Dios, el cordero inmolado, aquel que no dudó en entregarse por mí.
Samir De La Torre
Ministro Capellán
Puerto Rico
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